LA
LEYENDA DEL DORADO
Todo comenzó en la aldea de Guatavita, poblado lacustre de la Laguna del mismo nombre, ubicado más o menos a 50 kilómetros al norte de Bogotá.
Sorprendida la mujer del Cacique de Guatavita en flagrante adulterio, fue condenada a un inmundo e infame suplicio.
Para que no olvidara nunca el pecado cometido, el Cacique ordenó que los indios cantaran el delito durante sus borracheras y corros, no solo en el cercado y casa del Cacique, a la vista y oídos de la mujer, sino en la de todos sus vasallos, para escarmiento de las demás mujeres y castigo de la adúltera. Desesperada, la cacica se lanzó con su hija a la laguna de Guatavita donde pereció ahogada.
Angustiado y lleno de remordimientos, el Cacique se abandonó a los consejos de los sacerdotes para expiar la muerte de su esposa y de su hija. Los sacerdotes le hicieron creer que su mujer vivía en un palacio en el fondo de la laguna y que debía honrarla con ofrendas de oro.
LA LLORONA
La Llorona es el fantasma errante de una mujer que recorre los valles y montañas, cerca de los ríos y lagunas, vestida con una bata blanca que la cubre hasta los talones. Tiene el cabello largo, negro y rizado, algunos dicen que de color plateado, café y dorado, y en él se posan grillos, luciérnagas, cocuyos y mariposas. Su rostro es una calavera aterradora, y en las cuencas de sus ojos giran dos bolas incandescentes. Las mangas de la batola le llegan hasta sus muñecas y con sus manos grandes, huesudas y ensangrentadas, arrulla a un bebé muerto.
Al gemir, la Llorona derrama lágrimas de sangre sobre la mortaja azul de la criatura, que conserva una expresión angelical y con sus ojos parece acusar a la madre que le quitó la vida. Dice la leyenda que la gente la oye llorar en los llanos, cuando no hay ruido o gente.
También dicen que la Llorona asusta a las muchachas que han cometido actos de los cuales sus padres no estarían orgullosos. Como toda leyenda, los detalles cambian de pueblo en pueblo y de persona en persona. En Antioquia, por ejemplo, se le llama «la María Pardo», mientras que en la región de Pasto, «la Tarumama».
Esta última es una vieja monstruosa con cascos de mula por pies y grandes senos que se echa a la espalda, castigada como un alma en pena por haber abandonado al hijo que tuvo sin ser casada, para tapar su vergüenza.
LA PATASOLA
La Patasola o "con un solo
pie" es uno de muchos mitos del folclor de Colombia relacionado con
mujeres monstruos. Su aspecto es aterrador: cabellera enmarañada, grandes ojos
de tigresa, boca grande, colmillos enormes. Según la leyenda, es el alma en
pena de una mujer infiel que deshonró a sus hijos y nunca supo valorar a su
esposo, pero esto es solo un mito, ya que dicen que la mayoría de gente de
Colombia la ha visto.
Fue sentenciado por 2 años, pero después, se llevó a sus hijos y se fueron de la región entristecidos para no regresar jamás.
Al atardecer, su ánima se dirigió al rancho saltando con dificultad en una sola pata, y viendo los frutos de su engaño. En una mezcla de dolor, arrepentimiento y furia, se convierte.
Las personas aseguran haber visto su ánima saltando en una sola pata, por sierras, cañadas y caminos, destilando sangre y dando gritos lastimeros.
Última edición hace 17 día uno de muchos mitos del folclor de Colombia relacionado con mujeres monstruos. Su aspecto es aterrador: cabellera enmarañada, grandes ojos de tigresa, boca grande, colmillos enormes. Según la leyenda, es el alma en pena de una mujer infiel que deshonró a sus hijos y nunca supo valorar a su esposo.
En Colombia, se dice que tiene que ver con una traición amorosa pues cuentan que una bella mujer estaba casada con un campesino muy trabajador que se la pasaba vendiendo las cosechas de su patrón, pues la esposa del arrendatario tenía 3 hijos. Aprovechando las ausencias del campesino, el patrón le coqueteaba a la bella mujer y ella no le era indiferente a sus piropos y regalos; los vecinos se dieron cuenta, y un buen día le contaron todo al marido.
Esta última es una vieja monstruosa con cascos de mula por pies y grandes senos que se echa a la espalda, castigada como un alma en pena por haber abandonado al hijo que tuvo sin ser casada, para tapar su vergüenza.
LA MADRE MONTE
Está vestida de hojas y de líquenes, vive en la profundidad de los bosques. La cabellera, víctima de soles y lunas, le oculta el rostro, ese es su enigma. Podemos escuchar el grito de fiera entre los árboles, ver la silueta que se pierde en la espesura, pero nadie ha visto nunca su rostro cubierto de musgo y sombra.
La Madremonte ama las grandes piedras de los ríos, construye sus aposentos en los nacimientos de las quebradas, se distrae con el silbido de las mirlas y los azulejos. Algunos han creído escucharla cuando imita el canto de los grillos, en las tardes de verano, y cuando persigue las luciérnagas en las noches sin luna.
Como vigilante de las selvas, la Madremonte cuida que no desaparezcan la lluvia ni el viento, orienta los periodos de celo de los animales del monte,
grita de dolor cuando cae alguna criatura de su dominio. Por eso, odia a los leñadores y persigue a los cazadores: a todos aquellos que violan los recintos secretos de las montañas.
grita de dolor cuando cae alguna criatura de su dominio. Por eso, odia a los leñadores y persigue a los cazadores: a todos aquellos que violan los recintos secretos de las montañas.
Cuando la Madremonte está poseída de furia dicen, los que han padecido su venganza, que se transforma: los ojos despiden candela y con las manos de puro hueso, se agita de rabia entre los matorrales. Se desencadenan entonces, los vientos y las tormentas. Los ríos y las quebradas traen inundaciones, arrasan las cosechas y el ganado. Todo parece como si se anunciara el estremecimiento de la tierra y los astros.
EL SOMBRERON
Era un hombre viejo que vestía de negro y se ponía un gran sombrero del mismo color; montaba un audaz caballo también negro que se confundía con la noche, no hablaba con nadie y a nadie le hacía daño; aparecía y desaparecía como por encanto.
Dicen que al anciano se le podía encontrar en las orillas del camino, y aunque hace mucho tiempo que murió, la gente sigue sintiendo su presencia.
Físicamente se le describe como un hombre anciano, con un sombrero grande, bien vestido, de rostro opaco y en actitud de observación permanente.
Las personas que lo han visto aseguran que lo acompañan dos enormes perros negros cogidos por gruesas cadenas. Los trasnochadores que lo han visto o a quienes se les ha presentado, dicen ver la figura que les sale al camino, los hace correr y les va gritando cosas para asustarlos.
Siempre persigue a los borrachos, a los peleadores, a los trasnochadores, los jugadores y a los tramposos. Aprovecha los sitios solitarios. Cuentan que en noches de luna llena es fácil confundirlo con las sombras que proyectan las ramas y los arbustos. Llega siempre de noche a todo galope, acompañado de un fuerte viento helado y desaparece rápidamente.
El Sombrerón fue famoso en el departamento de Antioquia, en la época de 1.837, cuando recorría todas las calles. Aparecía cuatro o cinco viernes seguidos, volvía a aparecer uno o dos meses después. "Parece que fuera el Sombrerón, el espanto propio de Medellín".
También hay historias de sus andanzas en otras regiones colombianas como el Tolima, el Huila y al oriente del Valle del Cauca.
LA PATASOLA
La Patasola o "con un solo
pie" es uno de muchos mitos del folclor de Colombia relacionado con
mujeres monstruos. Su aspecto es aterrador: cabellera enmarañada, grandes ojos
de tigresa, boca grande, colmillos enormes. Según la leyenda, es el alma en
pena de una mujer infiel que deshonró a sus hijos y nunca supo valorar a su
esposo, pero esto es solo un mito, ya que dicen que la mayoría de gente de
Colombia la ha visto.
Patasola Se dice que su naturaleza verdadera, es la de una especie de vampiro feroz con un gran apetito de carne y sangre humana, capaz de atacar y devorar la carne o chupar la sangre de sus víctimas. En Colombia, se dice que tiene que ver con una traición amorosa pues cuentan que una bella mujer estaba casada con un campesino muy trabajador que se la pasaba vendiendo las cosechas de su patrón, pues la esposa del arrendatario tenía 3 hijos. Aprovechando las ausencias del campesino, el patrón le coqueteaba a la bella mujer y ella no le era indiferente a sus piropos y regalos; los vecinos se dieron cuenta, y un buen día le contaron todo al marido.A la mañana siguiente el campesino decidió hacer como si saliera a vender la cosecha fuera del pueblo, pero espero escondido cerca de la casa. Al anochecer entró súbitamente y encontró a los amantes abrazados en la cama. Lleno de ira, el campesino desenvainó su machete con furia, se arrojó sobre ellos y le cortó la cabeza de un solo machetazo al patrón. La mujer, entre sorprendida y horrorizada, quiso salir huyendo, pero el enfurecido marido, de un sólo machetazo le cortó una de sus piernas ocasionándole la muerte. El patrón y la esposa del arrendatario murieron a la misma hora, el vaquero, sin pensarlo 2 veces, le prendió fuego al rancho en donde vivía y fue arrestado.
Al atardecer, su ánima se dirigió al rancho saltando con dificultad en una sola pata, y viendo los frutos de su engaño. En una mezcla de dolor, arrepentimiento y furia, se convierte.
Las personas aseguran haber visto su ánima saltando en una sola pata, por sierras, cañadas y caminos, destilando sangre y dando gritos lastimeros.
Última edición hace 17 día uno de muchos mitos del folclor de Colombia relacionado con mujeres monstruos. Su aspecto es aterrador: cabellera enmarañada, grandes ojos de tigresa, boca grande, colmillos enormes. Según la leyenda, es el alma en pena de una mujer infiel que deshonró a sus hijos y nunca supo valorar a su esposo.
Se dice que su naturaleza verdadera, es la de una especie de vampiro feroz con un gran apetito de carne y sangre humana, capaz de atacar y devorar la carne o chupar la sangre de sus víctimas. Son comunes en el folclor de Colombia, son similar a la Sayona de Venezuela, la Tunda de la zona colombiana del Océano Pacífico, y la Madre monte de Colombia. A menudo se las representa como protectoras de la naturaleza y de los animales del bosque y no perdonan a los seres humanos que osan penetrar en sus dominios para alterarlos o destruirlos.
En Colombia, se dice que tiene que ver con una traición amorosa pues cuentan que una bella mujer estaba casada con un campesino muy trabajador que se la pasaba vendiendo las cosechas de su patrón, pues la esposa del arrendatario tenía 3 hijos. Aprovechando las ausencias del campesino, el patrón le coqueteaba a la bella mujer y ella no le era indiferente a sus piropos y regalos; los vecinos se dieron cuenta, y un buen día le contaron todo al marido.
A la mañana siguiente el campesino decidió hacer como si saliera a vender la cosecha fuera del pueblo, pero espero escondido cerca de la casa. Al anochecer entró súbitamente y encontró a los amantes abrazados en la cama.
Lleno de ira, el campesino desenvainó su machete con furia, se arrojó sobre ellos y le cortó la cabeza de un solo machetazo al patrón.
La mujer, entre sorprendida y horrorizada, quiso salir huyendo, pero el enfurecido marido, de un sólo machetazo le cortó una de sus piernas ocasionándole la muerte.
El patrón y la esposa del arrendatario murieron a la misma hora, el vaquero, sin pensarlo 2 veces, le prendió fuego al rancho en donde vivía y fue arrestado. Fue sentenciado por 2 años, pero después, se llevó a sus hijos y se fueron de la región entristecidos para no regresar jamás.
Al atardecer, su ánima se dirigió al rancho saltando con dificultad en una sola pata, y viendo los frutos de su engaño. En una mezcla de dolor, arrepentimiento y furia, se convierte de una hermosa mujer en un rostro malvado y horroroso que lanza tenebrosos gritos.
Lleno de ira, el campesino desenvainó su machete con furia, se arrojó sobre ellos y le cortó la cabeza de un solo machetazo al patrón.
La mujer, entre sorprendida y horrorizada, quiso salir huyendo, pero el enfurecido marido, de un sólo machetazo le cortó una de sus piernas ocasionándole la muerte.
El patrón y la esposa del arrendatario murieron a la misma hora, el vaquero, sin pensarlo 2 veces, le prendió fuego al rancho en donde vivía y fue arrestado. Fue sentenciado por 2 años, pero después, se llevó a sus hijos y se fueron de la región entristecidos para no regresar jamás.
Al atardecer, su ánima se dirigió al rancho saltando con dificultad en una sola pata, y viendo los frutos de su engaño. En una mezcla de dolor, arrepentimiento y furia, se convierte de una hermosa mujer en un rostro malvado y horroroso que lanza tenebrosos gritos.
EL PATEBARRO
Leyenda de las zonas mineras de Antioquia, Chocó, Cundinamarca y otras regiones de Colombia. Algunos mineros dicen que han visto a un hombre y a una mujer andando juntos. El hombre tiene un cuerpo descomunalmente grande y peludo, le falta una pierna de la rodilla para abajo y la ha reemplazado con un palo de guadua, que a su vez parece un tarro y usa para hacer sus necesidades. Cuando está lleno de inmundicia, derrama el tarro en algo sembrado y allí nace la gusanera, y todas las plagas. Como consecuencia, las cosechas se dañan.
Cuenta que cuando aparece el Patetarro es el anuncio de que de que algo malo va a pasar, como la muerte de alguien o inundaciones. Lanza unos gritos macabros o carcajadas histéricas que son escuchadas en las noches lluviosas, oscuras y tenebrosas. Cuando los perros aúllan y los árboles se mueven fuertemente, quiere decir que ha aparecido el patetarro. La historia dice que el patetarro acostumbraba entrar todas las noches a las fincas para robarse las gallinas. Los dueños de las fincas pensaban que se trataba de un tigre o un perro salvaje, y una noche esperaron a que llegara el animal para cazarlo. Estuvieron un buen rato, y cuando ya la noche estaba bien oscura, oyeron el alboroto de las gallinas. Corrieron a capturar el animal, pero del gallinero salió un hombre que, del afán, metió un pie en el balde del estiércol y salió corriendo. Fue así como desde entonces en venganza deambula por el campo arruinando las cosechas.







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